Nikola Tesla, historia de un fogonazo

Por: Fabiola Eme

Se dice que nació durante una fuerte tormenta, y que su madre, por este hecho, predijo que sería un hombre de luz. Eso seguramente nunca lo confirmaremos, pero sí sabemos que Nikola Tesla es uno de los grandes olvidados por la historia, y que a pesar de haber cambiado el mundo con sus inventos, su nombre brilla por su ausencia en los libros de ciencias, y en la memoria histórica. Pero nosotros le queremos. Le queremos por haberse mantenido fiel a sus ideales, por haber querido compartir su genialidad con la humanidad renunciando a sumas millonarias, por creer que un mundo mejor es posible para todos y por que cada vez que encendemos un interruptor, le encontramos a él.  Y le queremos tanto que viajamos hasta su ciudad natal para conocer más sobre su vida, la historia de un fogonazo, de una intensa luz cuyo resplandor aún sigue brillando. Viajamos– Tusitala y yo, querido lector- a Smiljan, un pueblo de la región montañosa de Lika, en Croacia, casi tan olvidado como nuestro genio, que de no ser por un pequeño museo que abrieron recientemente en su honor, no figuraría, seguramente, en ninguna guía para turistas. En aquel bonito, aunque pequeño museo, no veremos gran cosa, excepto por un par de reproducciones de sus inventos y una diminuta librería que en lugar de libros vende sólo folletos y postales, eso sí, muy baratas. A unos cientos de kilómetros de allí, -exactamente 594 según google maps-  encontramos otro museo dedicado a este hombre, esta vez en Belgrado, la capital de Serbia.

tesla

Al llegar allí esperamos pacientemente a que termine el turno de la visita guiada del numeroso grupo local y que comience la versión en inglés para los pocos turistas que hay. Mientras tanto, miro que en algunas vitrinas hay unos cuantos -pocos, pero valiosos- objetos personales que pertenecieron a Nikola: un par de guantes blancos, dos sombreros, un paraguas y un bastón.  Plumas estilográficas, un par de anteojos y lámparas de bolsillo, tres para ser exactos: pequeñas cajitas de metal, probablemente de plata, con una batería por dentro tocando la base de una bombilla. Los guantes blancos me llaman especial atención. Y entonces recuerdo, -recuerdo yo, porque Tusitala aún no tiene memoria- recuerdo haber escuchado en alguna ocasión que Tesla era un hombre genial pero con algunos puntos oscuros en su personalidad, llena de fobias y obsesiones. Compulsivo y maniático de la limpieza, evitaba los apretones de manos por temor a los gérmenes y estaba obsesionado con el número tres, por lo que todos sus actos tenían que realizarse en múltiplos de éste número, de lo contrario los repetía desde el principio hasta lograr hacerlo todo bien. Tenía fobia a las perlas, a los pendientes, al cabello humano y al alcanfor, entre otras cosas. Sufría de alucinaciones y procuraba el celibato. Decía ver algunas veces imágenes tan claras que no era capaz de distinguir si eran reales o no. Por eso también es difícil saber si es verdad que una paloma blanca le visitaba cada día como él decía, o si realmente tuvo contacto con extraterrestres como llegó a asegurar a sus conocidos y a escribir en sus diarios personales. Más cosas que nunca confirmaremos. Lo que es indiscutible es que poseía una mente portentosa, con una memoria fotográfica que le le permitía diseñar y hacer funcionar sus experimentos sólo en la cabeza, sin  necesidad de hacer bosquejos o escribir sus deducciones.

En esa misma antesala del Tesla Museum, se podían ver algunas fotos colgadas en la pared,  queriendo hacer un breve recorrido por la vida de Nikola Tesla como fugaces chispazos de una corriente de alta tensión. Una de esas fotos era de la habitación del hotel en el que vivió sus últimos años y en donde tras su muerte, además de un fuerte olor a excremento de paloma, se encontraron y confiscaron baúles enteros con minuciosas descripciones de inventos, y sus diarios. Se sabe que muchos de estos documentos aún no han salido a la luz. Otros, después de décadas de haber sido incautados por el FBI, reaparecieron 40 años más tarde, en la década de los setenta durante una subasta de antigüedades.  El hombre que los compró no tenía ni el más mínimo centelleo de idea de lo que podía ser y los mantuvo guardados otro par de décadas hasta que en los noventa y gracias a un resurgimiento del mito de nuestro genio, pudo comprobar que aquellos papeles, ahora enmohecidos y con las palabras borrosas por la tinta corrida, eran parte de aquella serie de cajas requisadas en la habitación 3327 del hotel New Yorker de Manhattan. Parte de aquella información se perdió para siempre, como la tenue luz de Nikola, que se refugió en esa habitación con 86 años y cada vez más neurótico. Tesla pasó diez años de miseria, arruinado y medio loco, con episodios alucinógenos todos los días, probablemente conversando con fantasmas del pasado que como el destello de un rayo, volvían a visitarlo cada vez que él tenía una nueva idea genial. O quizá, secretamente, hacía viajes constantes a través del tiempo con la máquina teletransportadora que algunos aseguran llegó a construir. Lo cierto es que murió prácticamente en el olvido, sin llegar a ver que seis meses después de su muerte, y tras décadas de batallas legales, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos lo acreditaría como pionero en la radiodifusión, anulando patentes posteriores con idénticos propósitos, entre ellas las de Marconi, quien por cierto, sigue nombrándose como autor de estos inventos en la mayoría de los libros de texto.

En otra de las fotos se le ve con su amigo Samuel Langhorne, mejor conocido como Mark Twain, quien a veces pasaba por su laboratorio y probaba sus inventos. Tesla era tan admirador de la obra de Twain como Twain lo era de los experimentos de Tesla. Llegando a probar incluso cierta plataforma vibratoria cuyos efectos laxantes se cuenta que comprobó. A pesar de la fama excéntrica de Tesla y aunque no se le conocieron relaciones amorosas, mantuvo buenas amistades y fue socialmente reconocido. La revista Century, por ejemplo, describiría los rasgos de su personalidad como “distinguished sweetness, sincerity, modesty, refinement, generosity, and force”. Es un alivio pensar que no siempre fue un alma solitaria y que tuvo grandes amigos, como Twain, con quien le unía no sólo una mutua admiración, sino también una fuerte tendencia a la bancarrota. Se sabe que Tesla solía vender sus baúles llenos de documentos para tener liquidez o que pagaba las cuentas de hotel con algunas de sus patentes. Se dice que Twain quiso ayudarlo en ésto, y que durante un viaje a Suiza, intentó encontrar compradores para las patentes que tenía en venta. Pero, para los negocios, uno era peor que el otro.

Ya en el recorrido por la sala de los inventos del museo sobre Tesla, nos explican que sus contribuciones han sido tan importantes como las de Einstein o Newton, o las de su mayor rival, Thomas Alva Edison, quien defendía el uso de la corriente contínua en lugar de la corriente alterna -descubrimiento de Tesla-, alegando que ésta última representaba mayores riesgos y llegando incluso a electrocutar a una elefanta en público(1)– ¡pobre Topsy!- para demostrarlo e incitar el temor entre la gente.

Al final, Tesla triunfaría sobre Edison en lo que se conoció como la guerra de las corrientes, logrando hacer brillar la exposición universal de Chicago en 1893 y consiguiendo electrificar las cataratas del Niágara, la mayor central eléctrica que existe,  y que generaría electricidad, por primera vez, lejos de donde iba a consumirse; obteniendo un éxito indiscutible e inaugurando con esto un periodo de fulgor en la vida de Tesla, que se posicionó como uno de los científicos más reconocidos de esa época: éxito, fama, laboratorio propio. Nikola Tesla se reconocía como una de las mentes más brillantes y prolíficas de su tiempo. Cosa que, sin embargo, no le duraría toda la vida.  

La corriente alterna es la base de la electricidad que utilizamos actualmente en todo el mundo, pero no es su única aportación, ni mucho menos. Nikola Tesla registró más de 2.300 patentes de inventos, de los cuales como resultado directo o secundario se han obtenido grandes avances, comenzando por la corriente alterna y pasando por la comunicación inalámbrica, el moderno motor eléctrico, el láser básico y la tecnología de radar, los rayos x y la tecnología actual de la telefonía móvil, sentando también las bases para lo que hoy conocemos como internet. Todo esto hace más de cien años.

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En la modesta sala del museo, hay algunas reproducciones de sus inventos más famosos, como la Bobina Tesla(2); y para probarla, me ponen en las manos unas luces fluorescentes que sostengo a cierta distancia del aparato y que se encenderán inalambricamente a través de un rayo despedido por el cabezal de la bobina. Un cosquilleo me recorre todo el cuerpo, pero al parecer sigo viva. También hay una reproducción en miniatura de la Torre Wardenclyffe, impactante no sólo por la imponencia de su construcción y el ambicioso proyecto al que respondía, sino también por que marca el episodio más triste de la vida de Tesla y con esto el declive de su carrera como inventor: Tesla buscó un inversor para éste proyecto, que consistía en un sistema inalámbrico para la transmisión de información. Y aunque así era como vendía el proyecto, lo que en realidad buscaba era un medio para distribuir la energía eléctrica a todo el mundo a muy bajo coste. En este momento es cuando interviene el magnate de las finanzas J.P. Morgan, quien apoyó el proyecto con una suma inicial de USD 150.000, lo que ahora serían unos tres millones. Sin embargo, en un cierto punto en que los trabajos se retrasan por un problema de cálculo, Morgan retira los fondos por miedo a seguir en un proyecto del que no se sabía si tendría éxito.  Tesla, agobiado por la falta de liquidez, le escribe numerosas cartas pidiéndole primero y más tarde rogándole, que continúe con la inversión. Desde hace un año, señor Morgan, rara es la noche en la que mi almohada no se ha empapado de lágrimas. En un acto de desesperación Tesla pone en marcha la torre, aún incompleta,  logrando con esto que Morgan retire definitivamente los préstamos y aconseje a sus colegas no apoyar al serbocroata. Nikola abandona el proyecto, la torre es dinamitada y él entra en una prolongada crisis nerviosa sin lograr recobrar nunca más el impulso de antes. La luz dentro de la bombilla se esta extinguiendo.

Al fondo del museo, dentro de una esfera dorada, reluciente, casi flotando en medio de una habitación pintada de negro, se encuentran las cenizas de Nikola. Una pequeña broma si tomamos en cuenta que a Tesla le molestaba tocar objetos esféricos tanto como le incomodaba la gente obesa -se dice que llegó a despedir empleados por tener ese aspecto-. Pero sin duda también una metáfora de la vida de este genio, que como un punto reluciente en la oscuridad, emitió un brillo constante pero imperecedero en el tiempo, casi como su querida corriente continua, cuya gran ventaja es su constancia en el tiempo.(3)

Sobre el fondo oscuro, la esfera nos deslumbra, no por el resplandor que emite, si no por el más intenso brillo de los genios.


(1) http://www.youtube.com/watch?v=RkBU3aYsf0Q

(2) http://www.youtube.com/watch?v=m3OrqdBqj5Y

(3) La corriente continua y la corriente alterna, se diferencian en su comportamiento frente al tiempo: la corriente continua mantiene la tensión o voltaje constante en el tiempo. En cambio en la corriente alterna, el voltaje varía periódicamente con el tiempo. La gran ventaja de la corriente alterna es que permite aumentar el voltaje hasta millones de voltios. Y a mayor voltaje se puede transportar la misma energía a grandes distancias con menor intensidad. Esto evita el exceso de cableado y las pérdidas por calor. Posteriormente, se reduce el voltaje para su distribución y consumo en el hogar o en la industria. La corriente contínua habría enterrado las ciudades bajo infinidad de cables eléctricos por haber necesitado un cable por cada enchufe.

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