Mi/s/ tiempo/s/ y la/s/ Gloria/s/

Música y texto por: David G. Costa

Colabora al saxo: Rafael Buzón


1/ Un servidor reside desde siempre en el mismo lugar que le vio nacer. Las paredes, los tejidos, los utensilios, todo es lo mismo desde siempre; el hogar donde mis progenitores empezaron una nueva vida, radiantes de ilusión.

Mis primeros recuerdos de luz, de color, mis primeras palabras. Mis anhelos infantiles de que todo estaba aún por llegar… mi hogar.

Escribo desde mi casa, muy cerca de la Plaça de Les Glòries. Antiguamente nadie se atrevía a pasar por aquí, ahora pasa (casi) todo el mundo; estoy pues, en una zona importante de la Ciudad Condal. Ahora.

Un momento, ¿importante ahora? Para quien escribe, no, desde luego.

Todo era muy distinto.

Reviso fotos de los años 60, 70, 80 y es el mismo lugar. Mis creadores, ahora descansando en el Cielo, apenas han cambiado algunos detalles interiores. La definición de Tiempo es irrelevante aquí dentro: Lo que realmente se mueve es todo el entorno, la transformación es casi del 100%. No, el tiempo no significa nada para mí, sólo los hechos. Sigo siendo el mismo que descubría colores y aprendió a hablar aquí dentro.

Así debe ser.

2/ Se extinguió el humo de las fábricas que luego fueron ladrillos derruidos, que luego fueron una explanada, y luego unos cimientos, una vivienda, unas personas, unos hijos, los hijos de los hijos…

Frecuentemente citamos al paso del tiempo al observar algo que ha sido transformado, rincones concretos. Aquí el tiempo ha pasado. Volando.

El Tiempo no lo marco yo, en el vientre materno no existe: simplemente un día termina.

Sois vosotros, la Humanidad Entera, vuestros proyectos, familias de nuevo cuño, nuevas oficinas, tendencias, vuestros vehículos cada vez más sofisticados, vuestro afán de enraizarse, los que me dan la percepción del Tiempo. He sido viajero pasivo desde que nací; nunca me ha hecho falta desplazarme, todo ha cambiado alrededor vertiginosamente. He estado en varios países, he conocido diferentes culturas, he visto morir a muchos seres y nacer a sus continuadores, sin moverme de mi hogar.

“He visto cosas a los 18 años que es extraño que un  hombre las siga viendo a día de hoy”

Creo a veces que estoy a bordo de una máquina del tiempo que atraviesa diferentes edades. O no, debo vivir en una especie de Dolmen Ancestral. O en el centro de una ruleta de Casino, inerte, viendo como una bola reparte suerte. A su suerte.

A veces camino por los alrededores, y mi edad se dispara. Me siento a descansar en un banco del parque que era un solar donde jugaba al fútbol; voy al supermercado donde antes iba con 12 años a reparar la máquina de escribir o a cazar lagartijas en los huertos, miro por la ventana al horizonte y diviso la Torre Agbar iluminada, pero sigo dibujando en el aire la situación exacta de la montaña de Montjuic y la Sagrada Familia, pese a que ya no son visibles.

Mis ruinas son el aire dibujando lo que fue.

En su lugar gente en balcones que ignoran estar situados justo en el tejado de una vieja calderería, de humo irrespirable.

Macabro es ver  a muchos vecinos, jóvenes en su día, sentarse en un parque en el que trabajaban años atrás.

Oficinistas esperando el bus pisando jeringuillas de heroína de los años 80.

Facultades con estudiantes de Comunicación Audiovisual  apartando con asco las cajas de pescado que se amontonaban en ese lugar. Un Mosso d´Esquadra me indica que no puedo aparcar en un lugar donde un hombre con gabardina me mostró su apéndice al salir de la escuela.

Niños repelentes, defenestrados por mi ser, con cara de adultos, paseando a sus hijos, con una mujer al lado que en su día me descartó.

Podría continuar hasta el infinito mientras tecleo sentado en el rincón donde mi madre se sentaba a llorar cuando iban mal las cosas.

3/He dado la vuelta al Mundo, estático, inerte, paralizado, observando los logros ajenos de mis semejantes; sus cambios y no los míos han sido para mí la unidad de Tiempo. Yo sigo en esta nave paterna, uterina, tomando los mandos de la cabina de control en forma de balcón con vistas y, cosa curiosa, aquí todo se toma su tiempo. Un Bebé Monarca.

Sólo una cosa no ha cambiado: el vuelo raso de las avecillas negras en la fachada al empezar el verano, son mi cordón umbilical; todavía nadie lo ha cortado, suerte la mía.

La  nueva Plaza de Las Glórias es mi única esperanza. En los 70, siendo yo un niño ávido y sin responsabilidad alguna, aquello era la Jungla. Lo era. Tenía una vegetación, una forma, unos puentes (y columpios) totalmente revolucionarios. El más allá. Y más allá sabía que había algo.

Luego, la transformación y un sinfín de edificios centenarios dejaron relucir sus paredes medianeras a vista de todos. Estallaron miles de risas, llantos y conversaciones de humanos del siglo XX encerradas en esas paredes.

La jungla fue sustituida por un ridículo parque y un anillo viario. Una rotonda donde todo el mundo tomaba impulso para seguir a su Porvenir. Un lugar de paso, del Tiempo. Alguien lo decidió.

Ahora está siendo derruida y me siento bien, de nuevo hay algo más allá. Diviso de nuevo las montañas y el skyline, como cuando era pequeño, es una Pausa Divina.

Nacerá una Nueva Jungla, y con ella la sensación de haber vivido plenamente y de que el Tiempo tiende a Infinito.

Seguís estando todos allí, los colores, las palabras, los seres…

Anhelo.

Recobrada sea la Eternidad.

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