Editorial #6 – SONIDO

Un sonido casi estático.

Por Fabiola Eme

 

Postal sonora “Tierra de Fuego” de Félix Blume

Vivimos acumulando experiencias sonoras, pequeñas explosiones que se detonan apenas con un frágil estímulo. Un lentísimo y a la vez instantáneo recorrido acústico a través de la memoria que nos transporta en un segundo a ese lugar, a ese momento.

Los sonidos poseen la característica de conectarnos con emociones muy profundas, de extraernos una sonrisa de no -sabemos-dónde o de encogernos el pecho con notas de melancolía, de tocar esa maldita fibra que se nos eriza cada vez que recordamos esa voz, su voz; de provocarte una punzada en el corazón siempre que escuchas girar unas llaves para abrir la puerta, porque invariablemente, lo asociarás al momento en que llegaba tu padre del trabajo, hace ya mucho tiempo, hace ya varias vidas.

Las primeras notas de una canción te hacen dar un paseo por aquella adolescencia, la primera, la de verdad, y cada vez que la escuchas, revives a ese tú de aquel momento y añades un fragmentito más de ti, una capa más de recuerdo. Esa canción te transmite de golpe toda una concepción de la vida: lo mucho que te divertías con ellos, tu inocencia, todas esa primeras experiencias, tu incontenible simbiosis con el walkman o los viajes solitarios con su propia banda sonora en los auriculares, marcando el ritmo de tu paso, dejando en ti una amalgama de sensaciones, de sonido casi corpóreo, visible, palpable.

En este número conectamos el SONIDO con la Memoria, porque reverbera en nosotros a pesar del paso del tiempo, porque basta con concentrarse un momento para volver a escuchar aquello que nos emociona, porque su potencia nos perfora algo más allá de los oídos.

Y si hablamos de sonido, lo ideal es escuchar, por ello hemos querido ofrecer una experiencia sensorial más completa, incluyendo en este número una dosis de pulsos binaurales, ondas que presuntamente causan estados de consciencia alterados, como podría hacerlo una droga o la meditación.

También se encontrarán diversas piezas sonoras de los artistas Antonio Russek y Félix Blume, a quienes dedicamos unas páginas para conocer mejor su trabajo. Antonio nos ha seleccionado tres de sus esculturas sonoras para vincularlas con tres textos de esta edición, a manera de soundtrack pero sin llegar a ser complementarias, cada obra es un objeto independiente en su totalidad y el disfrute de ambas, por separado o en combinación, asegurará igualmente una experiencia placentera. Sin embargo, puesto que en Tusitala nos gusta encontrar coincidencias y buscar consonancias, reomendamos a ustedes realizar la escucha justo después de acabar cada lectura y pensar en los puntos comunes que se dan en cada caso. Por su parte, los paisajes sonoros de Félix, que pueden escucharse haciendo click sobre las palabras de color rosa que encontraremos en la entrevista que le hicimos, son una muestra de que también se puede contar historias a través de los sonidos.

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